Bueno. Hora de escribir. Son las diez y cuarenta y cinco de la noche. Hora perfecta para trabajar en esa novela de suspenso que llevo posponiendo desde la caída del muro de Berlín. Ah, pero primero hay que ponernos cómodos. Me voy a poner el pijama, a lavarme los dientes y a quitarme estos lentes de contacto. Pero no puedo dejar a mi computador portátil solo en el comedor de mi apartamento. Alguien entrará en cualquier momento y se lo llevará. Tengo que cerrar la puerta. ¿Ya cerró? Una vez más. Sí. Ya está. Ahora sí, al baño. ¿Sí habrá cerrado bien? Ay, no. ¿Y ese ruido? ¿Alguien entró?
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martes, 25 de enero de 2022
diarios del desasosiego V
Bueno. Hora de escribir. Son las diez y cuarenta y cinco de la noche. Hora perfecta para trabajar en esa novela de suspenso que llevo posponiendo desde la caída del muro de Berlín. Ah, pero primero hay que ponernos cómodos. Me voy a poner el pijama, a lavarme los dientes y a quitarme estos lentes de contacto. Pero no puedo dejar a mi computador portátil solo en el comedor de mi apartamento. Alguien entrará en cualquier momento y se lo llevará. Tengo que cerrar la puerta. ¿Ya cerró? Una vez más. Sí. Ya está. Ahora sí, al baño. ¿Sí habrá cerrado bien? Ay, no. ¿Y ese ruido? ¿Alguien entró?
miércoles, 19 de mayo de 2021
diarios del desasosiego IV
Acabo de caer en cuenta que me dormí con los lentes de contacto puestos. Tengo los ojos despidiendo una horrorosa legaña, hinchados como si me hubieran golpeado. Al mirarme en el espejo, no sabía si usar mis dedos o sacármelos con espátula. Dios mío. Solo de milagro he logrado parpadear. Lloro esta vez por el dolor punzante. Miren nada más. Tengo dos bocas más, dos nuevos pares de labios en vez de párpados. Tal vez tenga que acostumbrarme a la idea que de ahora en adelante son uno con mis córneas. Nunca llegaré a tener todo el dinero que requiere un trasplante de ojos. No, señor. Ni siquiera tengo para el almuerzo de hoy. ¿qué se supone que voy a hacer ahora? Si no veo, no trabajo. Si no trabajo, no escribo. No puedo escribir. No puedo escribir.
jueves, 29 de abril de 2021
diarios del desasosiego III
Estaba pensando: ¿qué dolerá menos? Abrirse las venas suena como bastante trabajo, y bastante lento, además. Una cuerda en el cuello tampoco me convence, aparte de que ni siquiera usando todos los cordones de los zapatos de la casa bastarían para hacer una horca. Creo que las pastillas en cantidades industriales sería la mejor opción. Total, ya he soportado terribles dolores de estómago antes. Y, bueno, se supone que uno se duerme durante todo el rato. A mí me gusta dormir, y la idea de no despertar jamás es tentadora.
Recuerdo que, estando en la universidad, leí mucho. Muchísimo. Y no era para menos. Recién descubría mi pasión por las historias de terror, y por ese entonces me enfrenté cara a cara con un libro de seiscientas dieciséis páginas que contenía la obra completa de un escritor… francés, creo. Les debo el nombre. También recuerdo que murió a causa de una horrorosa enfermedad y al encontrarse con poco tiempo de vida, dejó su empleo, sus negocios… puso de cabeza todo con tal de dedicarse enteramente a escribir hasta colgar los guayos.
viernes, 19 de febrero de 2021
diarios del desasosiego II

20 de noviembre de 2019
Llevo tres noches seguidas soñando con gatos. Con el mismo gato, en realidad. Muy pequeño y rubio, de ojos grandes y expresivos. La última vez lo tenía cargado como a un bebé mientras caminaba a través de un gran apartamento vacío de paredes blancas. Luego de caminar mucho, sentí un calor en el costado. Al mirarme, descubrí que una de las patas traseras del gato estaba herida, y de ella salía un líquido negro y helado. De la negrura aquella emergió de pronto lo que parecía un gusano gigantesco con un único ojo enrojecido y de pupila diminuta justo en el medio de su cuerpo. Clavó en mí su mirada intensa hasta que desperté, diez segundos antes de que sonara la alarma.
martes, 26 de enero de 2021
diarios del desasosiego
“(…) el silencio es tan cierto, tan verdadero.
Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola.
Alguien —tal vez muchos— tiembla a mi lado”.
Alejandra Pizarnik, Diarios
***
14 de noviembre de 2019
Tal vez no diera tantas vueltas para escribir si me pusiera a trabajar en un libro que disfrute haciendo. Desde pequeña he querido crear a mi propio científico loco. Está bien. Hagamos un poco de investigación. Técnicamente, la que sentó el género fue Mary Shelley y su Frankenstein. Lo que he leído me ha causado bastante impresión y duré varias noches pensando en cómo reanimar a los muertos.
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